Lo que no sabes que sabias

Estoy convencido de que absolutamente todo lo que nos ocurre en la vida tiene una causa y un propósito que en muchos casos puede escapar a nuestro conocimiento actual. Pero será develado a su debido tiempo, ya que somos seres temporales y, como tales, debemos aprender a esperar para comprender las causas de las experiencias que estamos viviendo. Todo lo que podemos observar a nuestro alrededor, referido a nuestra vida, no es lo que es, sino el reflejo de lo que ha sido: está en nosotros construir lo que vendrá, y crear las circunstancias para nuestro futuro.

Quién soy? Una persona que intenta superarse y ser un poquito mejor que el día anterior, con la única finalidad de vivir una vida feliz.


Este libro nos propone adoptar un comportamiento positivo que debe culminar, con un profundo sentido de agradecimiento por estar, simplemente estar en esta vida, ser quienes somos y participar en ella del modo en que lo hacemos. Nuestra evolución se va dando a través de cada experiencia y todas son absolutamente necesarias, tanto las que consideramos buenas, como malas, son imprescindible, y ocultan una lección que debe ser aprendida.

Editorial: De los cuatro vientos / ISBN: 978-987-564-931-6

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Belgrano, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Nació en 1967 en Buenos Aires, Argentina, donde vive actualmente, después de haber vivido en Estados Unidos por 5 años, retornó a seguir trabajando en la superación personal y seminarios, tendiente al crecimiento espiritual de las personas.

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lunes, 16 de noviembre de 2009

La tierra del procastinador

Procrastinar es literalmente postergar actividades o acciones que uno debe atender por otras situaciones más irrelevantes o agradables. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante la tarea sin cumplir.
Paseando a mi perro por el barrio del Belgrano llegamos a la esquina donde esta la comisaría en la calle Cuba y salían de la misma seis policías que evidentemente terminaban su turno de trabajo, pude ver como dos de ellos subían a un Duna azul estacionado exactamente en la esquina tapando la rampa para discapacitados, molesto por lo que veía pensé que debía decir algo, pero no lo hice, luego la idea de mi complicidad con quienes deberían cumplir y hacer cumplir las leyes pero no lo hacían, no me abandonó por algunos días.
Los desconsiderados, inadaptados sociales que actúan impunemente por las calles todos los días son producto de nuestro silencio.
Cuando miro la panza de mi mujer embarazada de ocho meses, no puedo dejar de pensar en mi auspicio en esta sociedad disociada de la que formo parte y al mismo tiempo construyo, porque el silencio de nosotros, los que callamos es en gran parte la causa de la ligereza con la que los que pueden abusen sin siquiera una mirada acusadora.
Entiendo que uno no puede andar por la vida peleándose con los desconsiderados que estacionan donde no deben, tiran basura en la calle, faltan el respeto sistemáticamente a los débiles o ancianos, abusan de sus privilegios o roban simulando ser altruistas, aunque entiendo que esperar que otro levante la bandera y se haga cargo, es tan cobarde como estos actos, y que nos convertimos en los auspiciantes silenciosos de sus atropellos sociales, de los cuales renegamos día a día.
Es así como con simples actos de silencio nos convertimos en procrastinadores, paradójicamente por no actuar: “El que calla otorga” dice el refrán, por lo tanto los que ostentan el poder lo tienen en función de nuestro silencio, parte de nuestra obligación como ciudadanos es cumplir, la otra parte es exigir que los demás sean respetuosos y cumplan con sus obligaciones, lo lamentable es que todos somos partícipes necesarios y no nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades en la sociedad que conformamos, en la cual vivimos procrastinanado y dejando para después lo que debemos hacer ya, quizás por ser lo aprendido de nuestros padres, sumisos respetuosos de la autoridad formal, haciendo caso omiso al hecho de que muchos de ellos no tenían ninguna autoridad moral o legítima.
Por esto es necesaria una revolución interna y pacifica que nos de el coraje de afirmar nuestros valores, convicciones y exigir que nuestros derechos sean respetados, aun por aquellos que ostentan la autoridad formal que deberían ser los primeros en considerar y fomentar el respeto social pero con el ejemplo y no solamente el discurso vacío de intención.
Tal vez ya sea hora de dejar de posponer, callar, permitir, mirar para otro lado o agachar la cabeza porque esas actitudes nos están llevando en la dirección equivocada y esto queda demostrado cada mañana en la tapa de los diarios, en los noticieros y cuando nuestro hijos nos pregunten: ¿Papá o mamá, vos que hiciste para que esto no sea así? No vamos a saber que contestar, simplemente porque fuimos unos cobardes procrastinadotes y participes necesarios en nuestra creación social.
Por suerte, porque no todo me convierte en víctima, encontré al responsable de mi desdicha, precisamente ahí, mirándome desde el espejo.

Daniel Pacheco

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Solo quien busca el crecimiento, conoce su grandeza!