Lo que no sabes que sabias

Estoy convencido de que absolutamente todo lo que nos ocurre en la vida tiene una causa y un propósito que en muchos casos puede escapar a nuestro conocimiento actual. Pero será develado a su debido tiempo, ya que somos seres temporales y, como tales, debemos aprender a esperar para comprender las causas de las experiencias que estamos viviendo. Todo lo que podemos observar a nuestro alrededor, referido a nuestra vida, no es lo que es, sino el reflejo de lo que ha sido: está en nosotros construir lo que vendrá, y crear las circunstancias para nuestro futuro.

Quién soy? Una persona que intenta superarse y ser un poquito mejor que el día anterior, con la única finalidad de vivir una vida feliz.


Este libro nos propone adoptar un comportamiento positivo que debe culminar, con un profundo sentido de agradecimiento por estar, simplemente estar en esta vida, ser quienes somos y participar en ella del modo en que lo hacemos. Nuestra evolución se va dando a través de cada experiencia y todas son absolutamente necesarias, tanto las que consideramos buenas, como malas, son imprescindible, y ocultan una lección que debe ser aprendida.

Editorial: De los cuatro vientos / ISBN: 978-987-564-931-6

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Belgrano, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Nació en 1967 en Buenos Aires, Argentina, donde vive actualmente, después de haber vivido en Estados Unidos por 5 años, retornó a seguir trabajando en la superación personal y seminarios, tendiente al crecimiento espiritual de las personas.

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viernes, 27 de noviembre de 2009

La agresividad humana

La violencia según Freud era algo implícito en la condición humana, otros filósofos estuvieron de acuerdo con esa idea e incluso la teoría Darwiniana con la idea de que lo fundamental es la “supervivencia del más apto”, razonamiento con el cual, si no eres el mas apto por naturaleza deberías serlo por destreza, dejando de lado al los mas “débiles”.
También algunas religiones promueven la decadencia del ser humano como algo inevitable, al haber caído de paraíso o estado ideal por la simple razón de ser humanos, de pensar, de haber tomado el fruto, (llamativamente prohibido), del conocimiento del bien y del mal.
Los seres humanos quizás convencidos de nuestros instintos agresivos, necesitamos crear leyes que “los más aptos” estructuralmente rodean a fin de acumular aptitud y sobrevivir, entre el resto de los menos afortunados.
Yo, no estoy de acuerdo con ninguna de esas ideas, considero que es maravilloso, (no puedo mas que dejar de maravillarme con solo mirar a mi hija de dos meses), ser humano y vivir esta corta experiencia con todos sus defectos, porque realmente vale la pena estar vivo y no cambio esta experiencia por su opuesto. Considero también que el ser humano es básicamente bueno y solo actúa de mala fe, (como diría un existencialista), cuando esta enfermo, ya sea mental o espiritualmente, y cuando se da otra condición que está siendo a mi entender la fundamental causa de todos los males, enfermedad, mediocridad, violencia, malicia y demás.
Nuestro grupo original, al que llegamos en nuestro primer momento de vida, es la familia, (la que sea que las condiciones nos han dado), y es esta una de las experiencias definitorias de nuestra personalidad y forma de ver el mundo, en muchos casos durante toda la vida, y es esta institución básica la que está en crisis.
En una discusión sobre la agresividad estructural del ser humano con alguien adepto al psicoanálisis, con el argumento de que un niño aún sin ser condicionado por la cultura, tiene actos agresivos para con su hermanito, suena válido para explicar esta agresividad humana natural, pero este argumento no me convence, porque considero que hay algo mas que no es tomado en cuenta y tiene que ver con la educación, a mi entender la raíz de los bosques de maldad humana.
Un niño para quien su mamá es el mundo, su medio de supervivencia, su amor mas perfecto, no sabe que el amor que ella dispensa a su recién llegado hermano no va a privarlo del propio, entonces a modo de defensa, agrede a su hermano, por miedo y es el miedo un sentimiento que siempre aparece ante lo desconocido, lo que atenta contra nuestra integridad o la propia vida.
Considero que si la mayoría de las familias no fueran disfuncionales, podrían educar a sus hijos para que desde el comienzo comprendan que el amor es algo que mientras más se da, mas se tiene y que compartir y colaborar con el “otro” no hace mas que contribuir a crear una experiencia de vida rica y feliz.
Por todo esto creo que la pobreza es la razón de la enfermedad, de la delincuencia y la maldad.
La pobreza mental, la falta de educación y la disminución de compromisos vinculares que tomen en consideración al otro como simple reflejo de uno mismo, porque como son los otros es como soy yo, por lo tanto si cambio, lo demás cambiarán conmigo.
Lo único que puedo hacer por el mundo es educarme y educar a mis hijos de forma tal que no exista el miedo en nuestros corazones.


Daniel Pacheco

lunes, 16 de noviembre de 2009

Los argentinos son todos..

…unos coimeros, sucios porque tiran la basura en la calle, egoístas porque lo único que les interesa es su propio bienestar, falsos porque no dicen la verdad y muchas cosas mas que no te quiero contar, y esto te lo digo “yo”: que nací en Buenos Aires, vivo en Buenos Aires y conozco bien de lo que estoy hablando. (aunque debo ser chino, peruano o europeo, porque no formo parte de “los argentinos”)
Si cortamos una esfera por la mitad, la cara que se descubre es un círculo, pero en “realidad” el circulo no sabe o no quiere saber que forma parte de una esfera y lo mismo ocurre con nuestra sociedad, (si la tuya y mía), de la cual no nos hacemos cargo y disociamos constantemente de nosotros.
Si bien es cierto que llegamos a un mundo ya interpretado, adquirimos la lengua y educación que nuestros padres pueden proporcionarnos, llega un momento en el cual debemos hacernos responsables por nuestras elecciones, por ejemplo quedarnos a vivir en Argentina y ser argentinos.
Hay quienes son argentinos porque no tienen otra alternativa, (o no buscaron), y quienes como yo tuvo la oportunidad de vivir en el exterior pero eligió volver y radicarse aquí porque descubrí que muchas de las cosas de las que renegamos habitualmente, (viene de hábito), pueden ser modificadas si asumimos la responsabilidad de cambiar nosotros mismos.
Un existencialista diría: “No hay excusa”, cada uno de tus actos define a la humanidad misma, es decir a veces sería bueno preguntarnos, ¿que ocurriría si todo el mundo actuara como lo hago yo?, si cada acto te define, entonces tu participación social es la que genera, auspicia y promueve la misma sociedad de la cual renegás incansablemente cada día.
No podemos quejarnos de algunos funcionarios públicos que roban, cinco minutos después de haber pagado la coima por no cumplir con alguna obsoleta e “injusta” ley, justificando la acción en que “todos lo hacen así, y no voy a ser el único gil”. (parece que creerse gil es peor que ser ladrón).
En realidad lo que deberíamos hacer cada uno de nosotros es participar, (similar a hacernos cargo), denunciar y exigir que las leyes sean cambiadas, se cumplan, respetarlas; y dejar de propiciar y promover lo que criticamos.
Nuestros viejos ya hicieron lo que pudieron, (o quisieron), y nuestros hijos aún no pueden hacerse cargo de la “mediocracia” en la que vivimos y mantenemos.
El día que dejemos de quejarnos sin hacer nada al respecto más que cambiar de canal y destruirnos el hipotálamo, (por elección propia), con la basura en los medio de comunicación habremos hecho algo, pero no es suficiente.
Comencemos a cumplir con nuestras obligaciones a conciencia y a exigir que quienes tienen que brindar un servicio lo hagan o se vallan. Ese será el día en que en nuestra sociedad comience un cambio desde donde la misma sinergia produzca resultados inmediatos y exponenciales.
Pero antes debo ejercer el poder en el único ámbito donde lo tengo: En mis elecciones personales y acciones.
No alcanza con ser “buena gente” es necesario reafirmar nuestros valores con acción, dejar de lado la hipocresía del doble discurso, la queja patológica como la de aquel molesto por la perversión mostrada en la pornografía en el aparato de DVD que se encuentra en el living de su propia casa. (Yo diría: hacéte cargo).

Daniel Pacheco

Los derechos

En la constitución de los Estados Unidos de América, figura un párrafo que siempre cautivó mi atención: “….derecho a la persecución de la felicidad…”
Considero que todos tenemos ese derecho como seres humanos, lo que a veces creo no sabemos apreciar son precisamente los límites, ya que lo que puede hacerme feliz, quizás no sea lo mismo o inclusive se oponga a lo que hace feliz a otra persona.
La “realidad” que somos capaces de observar nunca es tal, sino que estamos condicionados por nuestra historia, (estilo familiar, lenguaje, educación y demás), por lo tanto no existe una realidad absoluta, sino que como decía Hume, Kant y Schopenhauer que también coincidían con que: de la “realidad” solo podemos tener una opinión, una imagen subjetiva o una interpretación arbitraria.
Mas adelante Albert Einstein afirmó que es erróneo tratar de fundamentar una teoría sólo sobre observaciones objetivas y que, por el contrario, la teoría determina lo que podemos observar, enseñándonos que nuestro marco de referencia justamente nos impide ser objetivos.
Quizás por esto se hace tan difícil definir los derechos de todos, sin entrar en disputa sobre hasta donde, quién o quienes los tienen.
Lo único de lo que si estoy convencido es que mis derechos terminan donde comienzan los de los demás, y con esto quiero decir que deberíamos ser muy cuidadosos a la hora exigir algo que pueda perjudicar a otros, (que a gran escala nos perjudicará a nosotros mismos), y en todo caso tendríamos que buscar un campo común de acuerdo que nos permita a la mayoría gozar de un bien estar, y una vez encontrado el consenso aceptar aquello que acordamos.
No es novedad que hay personas a las que es extremadamente difícil conformar, en todo caso deberíamos acudir a terceros que nos ayuden a resolver nuestros subjetivos conflictos, porque es bien sabido lo difícil de definir la posición entre dos puntos, sin tomar una tercera posición de referencia, (es precisamente como trabajan los sistemas de GPS con tres satélites como mínimo para ubicar algo longitudinal, transversal y verticalmente, lo que se llama triangulación).
Esa referencia debería ser proporcionada por la justicia, (concepto ligado al derecho), es por esto muy difícil garantizar los derechos de ciudadanos que carecen de instituciones judiciales virtuosas.
Más allá de la contingencia, podríamos decir que nuestros derechos como ciudadanos conllevan obligaciones y no podemos exigir de los demás, cuando no estamos dispuestos a mantenernos firmes en una posición recta, (derecha), y cumplir a la vez con nuestras obligaciones no solamente cuando nos convenga, sino en todas las circunstancias y además exigir que quienes deben hacer, hagan cumplir las leyes que siempre perfectibles regulan nuestros constructos de realidad.
La impunidad con la que actúan algunas personas se encuentra patrocinada por el silencio de quienes no denuncian, (el que calla otorga), por lo tanto una de las obligaciones previas a gozar de nuestros derechos está vinculada a no dejar pasar por alto a quienes abusan de posición, poder, privilegios o simplemente fuerza.
Es hora de dejar de quejarnos pasivamente y en secreto, y poner en evidencia que ya no vamos a permitir que nuestra participación civil promociones el sistema de injusticia en el que vivimos, y no hace falta la violencia o crueldad para poder manifestarse y exigir.
Quizás seamos los responsables de no acceder al derecho a la felicidad, simplemente por omisión.
Fundamentalmente si no estoy feliz con la sociedad en la que vivo, debería preguntarme, ¿Cuál es mi parte en todo esto?, y si respondo con honestidad, hacerme cargo de la parte que me corresponde, porque no hay causa y efecto, sino que la relación perpetúa la situación, es decir la sociedad es así, porque yo, (que la conformo), me comporto como lo hago, ya sea activa o pasivamente.
Una de las definiciones de alguien insano es: aquel que sigue haciendo las cosas como siempre las ha hecho y pretende obtener un resultado diferente, tal vez sea hora de ser protagonista y artífice de tu propia felicidad y dejar de esperar que los demás cambien.


Daniel Pacheco

Estudiante de Counseling

Hacía 12 años que había comenzado a viajar por el mundo con mi trabajo, primero fue mi territorio Latino América, luego comenzaron los viajes por Centro América y Europa, y finalmente en el 2002 me mudé a Estados Unidos, inicialmente a Chicago, pasé a Los Angeles y finalmente a Dallas.
Las finanzas no estaban mal, viajaba intensamente por el país del norte y tomaba mis vacaciones en Argentina un par de veces al año.
Todo esto estaba muy bien, pero había una sensación interna de que faltaba algo todo el tiempo, porque si bien es cierto que viajar por negocios enriquece mucho, trabajar con empresas y equipos de producción ofrece interesantes desafíos, siempre esta enfocado a la eficiencia, eficacia y rentabilidad.
Las maquinarias no son como las personas, uno puede enojarse con ellas por su mal funcionamiento, patearlas, maldecirlas y de cualquier modo mañana apretamos el botón de marcha y arrancan, indiferentes por completo a los eventos anteriores.
Podemos, en forma casi autómata, pasar números de una columna a otra en una planilla de Excel de un proyecto, aumentar la velocidad de producción y optimizar los recursos, (personas), pero ocurre que al trabajar de ese modo se pierde algo esencial, fundamental y rico; se pierde el Ser Humano.
Los seres humanos pasamos por diferentes etapas en nuestra vida, denominadas crisis vitales que tienen que ver con la natural evolución de las personas y los sistemas familiares o sociales.

A los 40 años, (típica crisis de la mediana edad), tenía un buen trabajo en el cual era lo suficientemente bueno como para recibir una paga por ello, experiencia de haber viajado, hablaba tres lenguas, (Inglés, Portugués y español), pero no tenia a nadie con quien compartir las maravillosas experiencias de vida.
Era necesario un cambio porque lo que hacía no me molestaba pero tampoco ya lo disfrutaba, descubrí que para cambiar la “realidad” externa, antes debe ocurrir un verdadero cambio interno.
Fue así que tome la decisión de renunciar a un trabajo que había sido generoso y exigente, dejar el departamento alquilado en Dallas, Texas y volver a Buenos Aires sin una dirección definitiva, simplemente confiando en que cuando uno está realmente convencido y toma una dirección en la vida, puertas se abren donde jamás habíamos pensado que pudieran existir, y así fue como descubrí la carrera de Counseling, sin saber que las herramientas psicológicas aportadas por la misma cambiarían radicalmente mi vida en un período muy breve, (aproximadamente 1 año y medio).
De alguna manera siempre tuve un profundo interés por comprender el comportamiento de las personas, sobretodo habiendo tenido la oportunidad de compartir el camino con gente de diferente idiosincrasia.
Hoy sé que estudiar para ser Counselor me va a dar los elementos necesarios para ayudar a personas que estén atravesando crisis, que son inevitables si estamos vivos: crecimiento, abandonos, divorcios, nacimiento de los hijos, la adolescencia, el duelo, el trabajo, y demás.
Lo aprendido hasta ahora en mi carrera me posicionó para armar un proyecto de vida plena, junto a mi mujer y la nena que estamos esperando, (finalmente me animé al compromiso), dedicado a trabajar ya no con máquinas y números, sino con personas, que desde su perfecta salud mental pueden utilizar a alguien preparado en un riguroso ámbito educacional, con técnicas específicas, avaladas por un marco teórico y práctico profundo, a co-crear su “realidad” a partir del cambio perceptivo y de esquemas internos.
Hay diferentes instituciones nucleadas en la Asociación Argentina de Counselors que proponen distintos enfoques a esta incipiente carrera destinada a cambiar el paradigma de la salud *, donde se entiende que la prevención y promoción de la misma es muchísimo mas efectiva en la vida de los individuos, familias, instituciones y la sociedad entera, que pretender intervenir cuando ya la salud se ha perdido y la situación se hace insostenible en el tiempo.
Hay dos cosas que debemos hacer en la vida: una es morir algún día y la otra tomar decisiones, porque ahí es donde radica el verdadero poder de las personas, de este modo decidimos como vivir, amar, crecer, desarrollarnos y hasta como morir.
Sé, por haber vivido en Estados Unidos durante 5 años de la efectividad en la relación de ayuda entre consultante y counselor, me consta que produce cambios internos que perduran en el tiempo, (como ocurrió en mi vida), y estoy convencido de que quien se dedica a estudiar para ejercer como counselor, decide ayudar en forma efectiva a quienes buscan un crecimiento y equilibrio sustentable.
Me encuentro a mitad de la carrera que tiene apoyo universitario por ser una tecnicatura, pero he aprendido que esto es solo el principio, la base, el punto de partida ya que todos necesitamos aprender y desarrollarnos a lo largo de la vida, y siempre aparecen mentores, maestros, guías o counselors que pueden ayudarnos a mirar lo mismo con otros ojos, esto es lo que se llama una mirada binocular y así descubrir la profundidad de esta experiencia, la nuestra….la humana.

*Salud según la organización Mundial de la Salud: “sugiere el completo bienestar psicofísico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Por: Daniel Pacheco
Estudiante Counseling en
Universidad de Mimónides

La tierra del procastinador

Procrastinar es literalmente postergar actividades o acciones que uno debe atender por otras situaciones más irrelevantes o agradables. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante la tarea sin cumplir.
Paseando a mi perro por el barrio del Belgrano llegamos a la esquina donde esta la comisaría en la calle Cuba y salían de la misma seis policías que evidentemente terminaban su turno de trabajo, pude ver como dos de ellos subían a un Duna azul estacionado exactamente en la esquina tapando la rampa para discapacitados, molesto por lo que veía pensé que debía decir algo, pero no lo hice, luego la idea de mi complicidad con quienes deberían cumplir y hacer cumplir las leyes pero no lo hacían, no me abandonó por algunos días.
Los desconsiderados, inadaptados sociales que actúan impunemente por las calles todos los días son producto de nuestro silencio.
Cuando miro la panza de mi mujer embarazada de ocho meses, no puedo dejar de pensar en mi auspicio en esta sociedad disociada de la que formo parte y al mismo tiempo construyo, porque el silencio de nosotros, los que callamos es en gran parte la causa de la ligereza con la que los que pueden abusen sin siquiera una mirada acusadora.
Entiendo que uno no puede andar por la vida peleándose con los desconsiderados que estacionan donde no deben, tiran basura en la calle, faltan el respeto sistemáticamente a los débiles o ancianos, abusan de sus privilegios o roban simulando ser altruistas, aunque entiendo que esperar que otro levante la bandera y se haga cargo, es tan cobarde como estos actos, y que nos convertimos en los auspiciantes silenciosos de sus atropellos sociales, de los cuales renegamos día a día.
Es así como con simples actos de silencio nos convertimos en procrastinadores, paradójicamente por no actuar: “El que calla otorga” dice el refrán, por lo tanto los que ostentan el poder lo tienen en función de nuestro silencio, parte de nuestra obligación como ciudadanos es cumplir, la otra parte es exigir que los demás sean respetuosos y cumplan con sus obligaciones, lo lamentable es que todos somos partícipes necesarios y no nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades en la sociedad que conformamos, en la cual vivimos procrastinanado y dejando para después lo que debemos hacer ya, quizás por ser lo aprendido de nuestros padres, sumisos respetuosos de la autoridad formal, haciendo caso omiso al hecho de que muchos de ellos no tenían ninguna autoridad moral o legítima.
Por esto es necesaria una revolución interna y pacifica que nos de el coraje de afirmar nuestros valores, convicciones y exigir que nuestros derechos sean respetados, aun por aquellos que ostentan la autoridad formal que deberían ser los primeros en considerar y fomentar el respeto social pero con el ejemplo y no solamente el discurso vacío de intención.
Tal vez ya sea hora de dejar de posponer, callar, permitir, mirar para otro lado o agachar la cabeza porque esas actitudes nos están llevando en la dirección equivocada y esto queda demostrado cada mañana en la tapa de los diarios, en los noticieros y cuando nuestro hijos nos pregunten: ¿Papá o mamá, vos que hiciste para que esto no sea así? No vamos a saber que contestar, simplemente porque fuimos unos cobardes procrastinadotes y participes necesarios en nuestra creación social.
Por suerte, porque no todo me convierte en víctima, encontré al responsable de mi desdicha, precisamente ahí, mirándome desde el espejo.

Daniel Pacheco